Las letras y yo
Esta chica estaba, llena de sueños y sin miedo a nada. menos a las palabras, que se le atascaban en la mente y en el camino a la palabra, un camino, que ha sido su lucha. Mis palabras se caen, tropezando en la lengua, como hojas secas que el viento despeina. Mi voz, una carretera con baches, se quiebra en los labios, se pierde en el aire. Pero la pluma, —fiel cómplice— no me abandona. Aunque la dislexia dibuje espejismos, las letras se quedan, quietas en el papel, sin miedo a tartamudear. Y aún así… subo al escenario, con el corazón en la garganta y el verso a medio hacer. Porque el silencio duele más que la voz quebrada. Lo importante no es cómo sueno, sino que el poema, —aunque cojee— se atreva a caminar.